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Lunes, 28 de febrero de 2005

El caimán

Había una vez en un reino lejano un caimán amarillo. Su problema no era tanto el color ya que además era daltónico. Su gran problema era su adicción a las papas fritas. Eran su menú diario, su desayuno, su merienda, su picada antes de la cena y su cena. Aunque en realidad él mucho problema no se hacía ya que estaba perdidamente enamorado de la princesa del reino, una cebra anaranjada.
Lo tenía profundamente cautivado la belleza de la cebra, admiraba sus rayas, que por ser también anaranjadas, le daban a la princesa un aire muy intrigante.
El gran problema del caimán, como ya se deben imaginar, es que la princesa no correspondía su amor. En su lugar, ella estaba enamorada de un loro azul.
"Un loro azul!" Se lamentaba el caimán, "Cómo pudo haberse fijado en ese insignificante plumífero!", insistía.
La cuestión es que la princesa nunca había pensado seriamente su relación con el loro y un día paseando, se cruzó con el caimán y esta aceptó la propuesta de un paseo.
En la charla, y como quien no quiere la cosa, el caimán le preguntó a la cebra qué tenía de especial el loro. La princesa se quedó pensando y no supo qué responder. Al ver las dudas en su pretendiente el caimán avanzó hasta que luego de un tiempo logró que la cebra dejara al loro por él.
Qué felicidad! El caimán no podía creer lo que le estaba pasando, su noviazgo iba mejorando día a día y hasta habían puesto fecha de boda, cuando justo un mes antes del evento, su hígado de caimán no soportó más y murió.
La cebra se terminó casando con un león, que meses más tarde la compartió en la cena con unos amigos.
Moraleja Los caimanes enamorados no saben priorizar sus problemas, y las cebras no entienden demasiado de amor.

Por: Rex | General | Comentarios (0) | Referencias (0)

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