Miércoles, 26 de enero de 2005
Te conocí un verano soleado por tu sonrisa.
Tus ojos me quemaban, esa mirada chispeante encerraba misterio.
Quizá me atrajo lo dificil de la situación, vos me gustaste, y también te transformaste en un desafío.
A medida que pasaban los días el juego se hizo más complejo, y no pude evitar terminar rendido a tus pies.
Ya pasaron muchos años...
¿Qué pasó con el sol, con el misterio, con las chispas?
¿Puede ser que esas cosas se mueran?
No se si es por instinto de preservación, pero prefiero creer que si se mueren es porque en realidad nunca existieron.
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